Una estrella de neutrones es el núcleo que fue de una estrella masiva, comprimido hasta el tamaño de una ciudad. Una cucharadita de su materia pesa como una montaña. Pero dentro de esta esfera ultradensa puede esconderse una sorpresa: bajo una presión inimaginable, los neutrones se descomponen en quarks y la estrella adquiere un núcleo nuevo, más compacto. Entonces, en el universo pueden existir pares de estrellas con la misma masa pero distinto radio: las llamamos estrellas de neutrones gemelas.
Detectar aunque sea una de estas parejas sería una prueba directa de una transición de fase abrupta en la materia. Pero, ¿cómo saber que tenemos gemelas delante? Hay que medir el radio con mucha precisión. Un grupo de investigadores dirigido por Jocelyn Bell Burnell simuló cómo cambia nuestra confianza en la existencia de las gemelas a medida que mejora la precisión de las mediciones. Tomaron una estrella hipotética con una masa de 1,4 masas solares y la «observaron» con errores de entre 900 metros y 100 metros.
El análisis mostró tres etapas. Mientras el error sea mayor de 600 metros, los datos son casi inútiles: simplemente no vemos la diferencia. En el intervalo de 200 a 600 metros, cada medición más precisa aporta una avalancha de información nueva. Pero cuando la precisión alcanza unos 200 metros, se llega a la saturación: mejorar aún más apenas cambia nada. Este umbral es una referencia clave para quienes diseñen futuros telescopios de rayos X y detectores de ondas gravitacionales.
El trabajo no solo ofrece un objetivo concreto a los observadores, sino que también propone un método universal: cómo evaluar cuándo la costosa carrera por la precisión deja de estar justificada.
Una estrella de neutrones gemela puede ser entre 2 y 3 kilómetros más pequeña que su hermana con la misma masa; es como si dos sandías pesaran lo mismo, pero una fuera notablemente más densa.
En la novela «El huevo del dragón», de Robert Forward, se describe la vida en la superficie de una estrella de neutrones, donde la gravedad y la densidad monstruosas crean formas exóticas de inteligencia.