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Original: "GUEST: Gravitational Universe Exploration with Satellite Tracking. A passive satellite laser-ranging mission for the dark gravitational Universe"
Dos esferas espejadas en órbita captarán el temblor cósmico, como un diapasón, y revelarán los gigantes invisibles que habitan el centro de las galaxias.
En 2034, dos satélites insólitos viajarán al espacio: pesadas esferas sin un solo instrumento a bordo. Su superficie está cubierta de esquinas reflectantes que siempre devuelven la luz hacia atrás. Sin motores, sin electrónica. Actuarán como un diapasón gigante para las ondas gravitacionales, esas ondulaciones del espacio-tiempo que Albert Einstein describió el siglo pasado.
La idea es simple: si la frecuencia de la onda entrante coincide con el movimiento orbital de la esfera, esta empezará a balancearse cada vez más, como la voz de un cantante de ópera hace vibrar una copa de cristal. Estaciones láser en la Tierra envían pulsos de luz cortos y captan el reflejo; así detectan desplazamientos de la esfera de apenas un milímetro. Día tras día el efecto se acumula, lo que permite escuchar señales muy débiles.
Estos satélites no llevan motores ni baterías: son simples bolas metálicas. En 30 años sus órbitas decaerán y se desintegrarán en la atmósfera sin dejar basura.
Este «diapasón» nos abrirá una región totalmente nueva: frecuencias desde diezmillonésimas hasta diezmilésimas de hercio. Ahí se ocultan los sonidos de las fusiones de agujeros negros supermasivos en los centros galácticos. Quizá logremos captar las vibraciones de la materia oscura, esa misteriosa sustancia invisible que conocemos gracias a los trabajos de Vera Rubin. O el susurro de la inflación (la expansión fulgurante del universo tras el Big Bang), propuesta por Alan Guth. También podremos detectar los ecos de las transiciones de fase —cambios bruscos en el universo primitivo— y los rastros de defectos topológicos, gigantescas arrugas en el espacio-tiempo. Y de paso, comprobar las teorías de gravedad modificada, que quizá describan el mundo con más precisión que las ecuaciones de Einstein.
Los satélites GUEST no tienen motores ni electrónica. Son simplemente bolas metálicas con reflectores de esquina, y al cabo de 30 años caerán a la atmósfera y se desintegrarán, sin dejar basura espacial.
Una onda gravitacional provoca una aceleración relativa entre la Tierra y el satélite, proporcional a la segunda derivada de la amplitud adimensional de la onda y a la distancia.
La frecuencia de oscilación del campo clásico de materia oscura está determinada por su masa en reposo; para masas del orden de 10^{-22} eV/c^2 cae en el rango de los microhercios.