En el horno de la formación estelar el calor alcanza los 900 grados, como en un alto horno al rojo vivo. Es en ese infierno donde nacen los cristales cósmicos. Los astrónomos captaron por primera vez el momento en que el polvo cristalino aparece justo durante un estallido de acreción (la estrella engulle de golpe el gas circundante) en la muy joven EC 53, aún envuelta en un denso capullo de gas. Con la ayuda del JWST compararon espectros infrarrojos — arcoíris térmicos — en estado tranquilo y en el momento del estallido. En el primer caso, ni rastro de cristales. En el segundo, picos claros de forsterita y enstatita.
El descubrimiento aclara un viejo enigma: cómo los cristales incandescentes llegan a las frías afueras del disco e incluso a los cometas. La respuesta está en el funcionamiento del escape estelar. De las profundidades emerge un chorro estrecho de plasma caliente, y a su alrededor fluyen vientos moleculares más lentos. Esta estructura — como un tubo central rodeado de una envoltura ancha — actúa como una cinta transportadora rápida: los granos recién forjados son expulsados hacia el exterior. Y aunque todavía no se ha podido observar directamente el movimiento de los granos de polvo, todos los indicios apuntan a que la forja estelar pone en marcha el procesamiento y transporte de polvo en la etapa más temprana y turbulenta del nacimiento de una estrella.
Los primeros cristales en cometas desconcertaron a los científicos: no se entendía cómo habían llegado al frío disco exterior. Ahora se ha encontrado el mecanismo: una rápida expulsión desde el «horno» de la estrella joven.