Un intérprete que se ha aprendido todas las réplicas de antemano responde al instante: no necesita volver a escuchar toda la conversación. Así funciona el nuevo modelo: no hace correr átomos en la computadora durante horas, sino que entrega directamente la energía libre del cristal a cualquier temperatura y presión.
La energía libre es una medida de cuán estable es una sustancia bajo ciertas condiciones. Antes se calculaba ejecutando una simulación computacional del movimiento de los átomos, lo que tomaba horas. Ahora, el modelo, a partir de una única estructura estática, entrega toda la superficie de energía libre en función de la temperatura y la presión, y junto con ella, la capacidad calorífica, la entropía y el volumen.
Para el entrenamiento se utilizaron datos de tres niveles de precisión: desde una aproximación simple, donde los átomos oscilan como resortes independientes, hasta simulaciones exactas y mediciones experimentales. Esto permitió que el modelo predijera transiciones polimórficas — los momentos en que el cristal cambia su estructura — e incluso corrigiera errores del método base. Ahora, el intérprete que se ha aprendido todas las réplicas está listo para trabajar sin titubeos.
El modelo predice la energía libre en 0.1 segundos por estructura, cien mil veces más rápido que la dinámica molecular de no equilibrio y mil veces más rápido que un cálculo cuasiarmónico.