En una olla sobre la hornilla, el agua empieza a burbujear desde el fondo, mucho antes de que hierva por completo. Las burbujas de vapor ascienden desde el fondo, aunque la hornilla aún no se haya calentado del todo. Algo parecido ocurre en la atmósfera del Sol antes de una llamarada: las corrientes de materia se lanzan hacia arriba desde las capas profundas, aunque la principal fuente de calentamiento, según las ideas previas, aún no se ha activado.
Una llamarada solar es una liberación brusca de energía magnética acumulada en las capas externas de la atmósfera de la estrella. El modelo estándar, desarrollado hace medio siglo, dibujaba este panorama: las líneas magnéticas se reorganizan, aceleran electrones, y estos, como una ducha de agua caliente, se precipitan sobre las capas inferiores de la atmósfera, la cromosfera. El material calentado se expande y se lanza hacia arriba. Este proceso se denomina evaporación cromosférica, y durante mucho tiempo se pensó que lo desencadenaba precisamente el impacto de los electrones.
El instrumento SUSI escaneó una región activa en el rango ultravioleta y alcanzó una resolución de unos 59 kilómetros en la superficie del Sol, el tamaño de una ciudad pequeña. Los investigadores midieron los desplazamientos de las líneas espectrales del hierro, que se forman a una altitud de 500–1000 kilómetros. Resultó que, entre 5 y 10 minutos antes del inicio de la llamarada, en estas líneas aparecen signos claros de movimiento: unas corrientes ascienden, otras descienden. Las velocidades alcanzan los 10 kilómetros por segundo.
Es como ver vapor sobre la olla antes de encender la hornilla. Según el modelo estándar, las corrientes ascendentes deberían aparecer solo después de la llegada de los electrones energéticos, que se detectan mediante la emisión de rayos X duros. Pero las observaciones mostraron que las corrientes arrancan antes. Eso significa que la energía se transporta hacia abajo por algún otro mecanismo, quizás mediante conductividad térmica, ondas magnéticas o reconfiguraciones locales del campo directamente en las capas inferiores.
Este resultado obliga a revisar el modelo estándar de las llamaradas solares. Si la evaporación comienza antes de la llegada de los electrones, entonces en las capas inferiores de la atmósfera actúa un mecanismo de calentamiento propio. El trabajo abre una nueva ventana para el diagnóstico de las tormentas solares y podría mejorar los pronósticos del clima espacial, del que dependen los satélites y las comunicaciones en la Tierra. El agua de la olla no hierve solo por la hornilla desde abajo: a veces el calor llega desde el interior del propio agua.
El observatorio estratosférico Sunrise III se elevó a 37 km de altitud, donde el cielo es 100 veces más transparente para la radiación ultravioleta que a nivel del mar. Gracias a ello se logró una resolución de 59 km en el Sol, comparable al tamaño de una ciudad pequeña.
En la novela de Arthur C. Clarke «Tormenta solar», las llamaradas solares amenazan la Tierra, pero los mecanismos de su origen se describen de forma esquemática. Este trabajo muestra cuánto más compleja es la física real: incluso en las capas bajas de la atmósfera de una estrella ocurren procesos que apenas empezamos a comprender.