Los científicos transmitieron energía por primera vez entre tres, cuatro y cinco partículas cuánticas, no solo entre dos. Es como compartir energía con amigos a través de una conexión especial: el entrelazamiento cuántico. El descubrimiento acerca las redes cuánticas que gestionan la energía por sí mismas. ¿Será posible transmitir energía sin cables a largas distancias?
La energía se distribuye entre las partículas como el dinero en una cuenta compartida. Uno hace un aporte — realiza una medición sobre su partícula, y esto añade energía al fondo común al instante. Pero los demás solo pueden retirar su parte después de una señal clásica, que obedece a la velocidad de la luz.
El truco es que las partículas se entrelazan previamente en una superposición, un estado donde cada una existe en varias opciones a la vez. La medición provoca un colapso —la elección de una opción— y la energía, por así decirlo, «fluye» hacia la red. Antes esto solo se lograba con dos partículas. Ahora, en un procesador cuántico de IBM, los físicos realizaron el experimento con tres, cuatro y cinco. Usaron un tipo especial de enlace que no se rompe al perder una partícula. Debido a las imperfecciones de los dispositivos, se producía decoherencia —pérdida de propiedades cuánticas—, pero el resultado fue apreciable.
Lo más sorprendente: la partícula medida permanece intacta, y la energía la suministra la red de entrelazamiento cuántico, esa extraña conexión que Erwin Schrödinger llamó el misterio del micromundo. John Stewart Bell demostró más tarde que estas correlaciones son más fuertes que cualquier explicación clásica. La energía siempre ha estado «repartida» entre todos los participantes; la medición solo la redistribuye. Así, el equilibrio total cuadra, y la información cuántica —el conocimiento sobre el sistema— se convierte en trabajo real.
🎯 La energía no se teletransporta literalmente: desde el principio está distribuida entre las partículas entrelazadas, como ahorros compartidos, y solo pasa a una forma accesible.