El telescopio James Webb lo confirmó: en el centro de la supernova 1987A se esconde una estrella de neutrones. Sale disparada a 500 km/s, haciendo brillar las nubes internas de gas. Pero el polvo denso, como la niebla sobre un río, esconde los detalles. Cuando se despeje, veremos por completo a la estrella bebé.
Hace casi 40 años, en una galaxia vecina, estalló la supernova 1987A, la explosión de una estrella. Durante mucho tiempo, el centro de la catástrofe se ocultó tras el polvo cósmico. El James Webb atravesó el velo y descubrió allí una estrella de neutrones, una esfera superdensa del tamaño de una ciudad.
El análisis del espectro (la luz descompuesta en colores) mostró que la estrella se desplaza. Se aleja a toda velocidad a 500 km/s, como si la hubieran pateado lejos del centro de la explosión. Para que te hagas una idea: es como recorrer la distancia entre Madrid y Pekín en unos 16 segundos. Esa 'patada' pudo ser causada por la asimetría de la propia explosión o por la presión de su radiación.
A este ritmo, la estrella abandonará la galaxia en cientos de millones de años. Aún no se sabe si se convertirá en un púlsar —un faro cósmico giratorio que emite ondas de radio— o simplemente se enfriará. Observaciones futuras de Webb, cuando el polvo se disipe por completo, lo aclararán. Este descubrimiento confirma la predicción de Fritz Zwicky (década de 1930) y completa la historia de los púlsares, descubiertos por Jocelyn Bell Burnell.
🎯 Si esta estrella de neutrones volara hacia la Tierra, llegaría a la Luna en 13 minutos.