Un viento que sopla en contra de la rotación del planeta aviva la fragua de carbono. Así es la atmósfera del objeto PSR J2322-2650b, un compañero similar a Júpiter de un púlsar de milisegundos. Durante dos tardes de noviembre de 2024, el telescopio espacial James Webb siguió este sistema, tomando espectros en el rango de 0,6 a 5,3 micrómetros. En los datos aparecieron bandas de absorción nítidas que se identificaron con las moléculas C3 y C2. El corte abrupto de la opacidad de C3 en la longitud de onda de 3,014 micrómetros coincidió con una caída del flujo, y la estructura en diente de sierra entre 2,45 y 2,85 micrómetros reveló una serie de bandas de C2. La correlación cruzada con una plantilla de C2 dio una detección a nivel de 21 sigma, mientras que CO, CN, H2O, CH4 y otras moléculas no aparecieron en absoluto.
La ausencia de CO y CN habla de extremos. Para que las moléculas de carbono dominen y el oxígeno y el nitrógeno se oculten, la relación C/O debe superar 100 y la C/N, 10 000. Este enriquecimiento en carbono no se explica con los modelos estándar de 'viudas negras': un púlsar que evapora a su compañero deja tras de sí una composición elemental más variada. Aquí, en cambio, la fragua ha fundido carbono casi puro. El análisis de la curva de fase añadió dinámica: el máximo de emisión térmica está desplazado 12° hacia el oeste respecto al punto subpúlsar. Esto significa que fuertes vientos del oeste transportan calor desde el abrasador lado diurno, soplando en contra de la rotación del planeta. La proyección medida de la velocidad orbital del compañero, Kp = 190 ± 2 km/s, corresponde a una inclinación orbital de unos 31° y a una masa del púlsar de unas 2,0 masas solares.
Antes se desconocía la atmósfera de un objeto así. Los compañeros más densos de púlsares mostraban espectros similares a los estelares, y las atmósferas de exoplanetas alrededor de estrellas normales se estudiaban en condiciones muy distintas. Aquí se investiga por primera vez un objeto similar a un planeta calentado por la radiación gamma de un púlsar, y el resultado ha sido inesperado: una atmósfera de carbono con una composición química extrema. Las restricciones obtenidas para C/O y C/N desafían los modelos de formación de 'viudas negras'. El desplazamiento hacia el oeste del máximo térmico observado constituye la primera confirmación observacional del régimen dinámico predicho para planetas de rotación rápida con calentamiento externo.
Por ahora es conocimiento puro, sin aplicaciones a la vista. Pero la fragua sigue trabajando. Para dilucidar si la composición de PSR J2322-2650b es única o típica de la clase de compañeros ultraligeros de púlsares, se necesitan observaciones espectroscópicas de otros objetos similares, en especial PSR J1719-1438. Mejorar las listas de líneas para las moléculas C2H y C3H, así como para los cúmulos de carbono más grandes C4 y C5, permitirá modelar los espectros con mayor precisión. Los modelos tridimensionales de circulación que tengan en cuenta el calentamiento profundo por rayos gamma ayudarán a explicar la dinámica atmosférica observada. El viento que aviva la fragua de carbono aún tiene mucho que contar sobre cómo nacen mundos tan extraños.
La temperatura de los puntos más calientes del lado diurno alcanza los 2300 K, más caliente que un alto horno donde se funde el acero.
Un planeta con atmósfera de carbono alrededor de un púlsar recuerda a los mundos de la novela 'El nido del dragón' de Anne McCaffrey, donde los humanos colonizan un planeta que sufre periódicamente erupciones mortales de su estrella.