La sal en un vaso de agua es una multitud de partículas cargadas. Mientras hay mucha agua, cada partícula flota por su cuenta, rodeada de un denso abrigo de moléculas de agua. Pero si sigues echando sal, el agua empieza a no alcanzar para todos, y las partículas comienzan a buscarse. Primero se enganchan en pares, luego en racimos más grandes. En algún momento, los racimos se vuelven tan pesados que caen al fondo: ese es el límite de solubilidad.
Los autores del nuevo trabajo construyeron un conducto computacional que sigue a una única partícula de litio en una disolución de cloruro de litio. Para no esperar encuentros raros, empujaban artificialmente la partícula y luego recalculaban sus probabilidades reales de acabar en un par o en un racimo. Añadieron una corrección por el hecho de que en una caja informática pequeña hay menos agua libre que en un vaso real, y obtuvieron una imagen que coincide con el experimento.
El método se llama SCOPE. No está atado al litio ni al cloro: así se pueden analizar cualquier líquido concentrado donde importen los encuentros raros entre partículas y su comportamiento colectivo. Por ejemplo, salmueras para baterías o líquidos para purificar agua.
El cloruro de litio es tan higroscópico que en el aire se deshace en un charco, absorbiendo la humedad de la habitación.