Dos relojes en habitaciones diferentes deben hacer tictac al unísono. Normalmente, para ello se envían pulsos brillantes o pares de fotones que llegan exactamente uno tras otro. Pero la señal puede ser tan débil que los fotones apenas llegan. En este trabajo, los relojes se sincronizaron con luz mil millones de veces más tenue de lo habitual.
Espectroscopía no tiene nada que ver aquí, pero el tiempo está directamente relacionado con la luz. La fuente emitía fotones no uno a uno, sino en "racimos", lo que se denomina agrupamiento. Cada fotón tenía un tiempo de coherencia de 180 nanosegundos, es decir, su onda mantenía el orden durante muy poco tiempo, como las ondas en el agua tras lanzar una piedra. Con esas débiles ráfagas, las dos partes encontraban el ritmo común.
La precisión de la sincronización fue de 10 nanosegundos. Es como si dos personas, sin verse, aplaudieran con una diferencia de menos de una diezmillonésima de segundo. Y así durante 25 horas seguidas. Además, la luz perdía casi toda su fuerza en el camino: una atenuación de -102 dB significa que de un billón de fotones llegaba uno.
Para no perder el momento de coincidencia, los autores construyeron un modelo. Este predice con qué probabilidad se podrá encontrar el pico de coherencia con una señal tan débil. El modelo resultó ser más preciso que las estimaciones anteriores, y ahora se puede calcular de antemano cuánto tiempo esperar para una sincronización fiable.
Este método será útil donde la señal debe ser lo más discreta posible: en comunicaciones seguras, sensores distribuidos o redes cuánticas. En lugar de un haz brillante, un parpadeo apenas perceptible que lleva la hora exacta.
Las pérdidas de -102 dB significan que al receptor llega aproximadamente un fotón de cada $10^{10}$. Para comparar: la luz de una estrella visible a simple vista se atenúa en la atmósfera solo unas pocas veces.