Un electrón en un cable ordinario es como un mensajero que lleva a la vez el paquete y la firma del destinatario: su carga y su espín siempre van juntos. Pero si el cable se hace tan delgado como un solo átomo, el mensajero se siente apretado. En un tubo unidimensional así, los electrones no pueden adelantarse unos a otros, y su comportamiento colectivo cambia hasta quedar irreconocible.
La mecánica cuántica permite que las partículas se descompongan en partes constituyentes que viven su propia vida. En el modelo unidimensional estudiado por los autores, el electrón se divide en un espinón (portador del espín) y un holón (portador de la carga). El espinón es como una aguja magnética sin carga eléctrica; el holón es como una carga sin magnetismo. Se mueven a velocidades diferentes e independientemente uno del otro.
Los autores aplicaron un método que permite tener en cuenta con precisión todas las interacciones entre electrones y encontraron los espectros: las energías características a las que el sistema absorbe o emite partículas. En estos espectros se ven límites que corresponden al movimiento de espinones y holones individuales. Además, se descubrieron estados ligados: 'cuerdas' de varias partículas que también contribuyen a las señales observadas.
Esta fragmentación del electrón no es solo una curiosidad matemática. Se manifiesta en experimentos con conductores unidimensionales, como los nanotubos de carbono o las cadenas orgánicas. Comprender estos procesos es necesario para crear cables cuánticos y elementos de la futura electrónica, donde la carga y el espín puedan utilizarse por separado.
En sistemas unidimensionales, un electrón puede 'desnudarse' en partes que nunca se encuentran solas en nuestro mundo tridimensional. Es como si el mensajero te entregara el paquete y la firma la trajera otra persona que llega desde el otro lado de la calle.