Cuando el agua gira formando un remolino, crea una zona de la que nada puede escapar, como un agujero negro. Los científicos comprobaron si esta analogía funciona no solo con líquidos en calma, sino también con fluidos turbulentos. Resulta que incluso las perturbaciones fuertes se comportan como en un espacio-tiempo curvo, y el borde del «agujero negro de agua» puede moverse. Entonces, ¿puede caber todo un universo en el flujo del agua?
Cuando una multitud irrumpe en un estadio, en la aglomeración los gritos se ahogan en el rugido: el sonido no logra salir. De manera similar se comporta el gas que cae hacia un agujero negro: al acelerarse a velocidades supersónicas, crea una frontera de la cual el sonido ya no escapa. Este horizonte sonoro es análogo a ese límite del que ni siquiera la luz puede huir.
Pero a diferencia de la imagen simple, el flujo de gas interestelar no es uniforme: hierve con turbulencias, como una multitud donde la gente empuja de manera desigual. Estas ráfagas en el plasma del disco giratorio hacen que la barrera sonora "respire": se desplaza con cada salto de densidad y temperatura. Para un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea, el radio de este horizonte se encuentra apenas más allá del doble del radio de Schwarzschild (la frontera de la que no escapa la luz), y este límite pulsa.
Estos modelos convierten las conjeturas en cálculos. Para estrellas de neutrones y agujeros negros en el espacio-tiempo curvado, estas pulsaciones quizás indiquen cómo probar la idea de Hawking sobre la radiación cuántica. Y los orígenes se encuentran en los trabajos sobre las masas límite de las estrellas, incluido el límite de Chandrasekhar.
🎯 Para el agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea, el horizonte sonoro está solo un 6% más lejos que el gravitacional, casi en el mismo lugar de donde no escapa la luz.