Nuestro Universo podría expandirse absorbiendo pequeños universos «hijos», como una gran gota que engloba otras más pequeñas. Esto explica la expansión acelerada del cosmos sin necesidad de una misteriosa energía oscura. Además, en el pasado lejano la expansión fue aún más inusual. ¿Adónde van a parar estos universos diminutos?
En la década de 1920, Edwin Hubble observó que las galaxias lejanas se alejan más rápido cuanto más lejos están: el universo se expande. La aceleración se atribuía a la energía oscura. Pero un nuevo modelo propone algo diferente: nuestro mundo es un depredador cósmico que absorbe universos bebés de la espuma cuántica. Cada absorción añade volumen, acelerando el crecimiento, como un depredador que gana masa con cada presa.
Esto explica naturalmente el cambio en el ritmo de expansión: se observa en el enrojecimiento de la luz de las galaxias (corrimiento al rojo), los destellos de supernovas y el resplandor remanente del Big Bang (radiación cósmica de fondo). Se resuelve así la «tensión de Hubble», la discrepancia entre las mediciones locales de Adam Riess y las predicciones basadas en el universo temprano. La idea no es nueva: Stephen Hawking reflexionó sobre el nacimiento cuántico de mundos; ahora el modelo se apoya en la teoría cuántica de campos y la teoría de cuerdas. La gravedad —mera curvatura del espacio-tiempo— describe el movimiento en este festín. Incluso la materia oscura no entra en contradicción.
Un detalle sorprendente: los cálculos muestran que las fusiones podrían ocurrir cada pocos segundos, y cada uno de estos eventos estira imperceptiblemente el cosmos.
🎯 Según los cálculos, justo ahora, en algún lugar en las profundidades del cosmos, nuestro universo está absorbiendo otro mundo microscópico, y esto sucede cada pocos segundos.
🎬 La idea resuena con la novela de Isaac Asimov «Los propios dioses», donde la interacción con otro universo altera las leyes de la física.