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Imagina un globo inflable gigante con galaxias dibujadas: al inflarse, el dibujo se estira y los puntos vecinos se alejan entre sí. La velocidad de ese estiramiento es la constante de Hubble. Normalmente, los astrónomos captan la luz de estrellas lejanas y observan cuánto se ha enrojecido debido a la expansión del espacio. Ahora han entrado en juego las ondas gravitacionales, las vibraciones del propio espacio que generan, por ejemplo, las fusiones de agujeros negros.
En el nuevo estudio se tomaron 236 de esos "pulsos" de vibración del catálogo GWTC-5.0. Cada pulso es como un martillazo sobre una goma tensa: por la fuerza de las oscilaciones se puede saber si el martillo estaba lejos. Y por cómo cambia la frecuencia de la onda, se deduce a qué velocidad se alejaba esa zona de la goma. Antes se hacía con una o dos decenas de eventos; ahora, con cientos. Esto ha permitido afinar la constante de Hubble: se obtiene un valor de unos 71,7 km/s por cada megapársec de distancia. En términos cotidianos: una galaxia situada a 3,26 millones de años luz se aleja de nosotros a unos 72 metros por segundo, más rápido que un coche de carreras.
Pero eso no es todo. Las ondas gravitacionales son una herramienta ideal para comprobar si el propio espacio se distorsiona a distancias enormes. Los autores buscaron desviaciones de la geometría habitual, por ejemplo, si las ondas "se cansan" en el camino y cambian su intensidad de manera distinta a lo que predice la teoría. Resultó que todo está limpio: el espacio se comporta como una lámina elástica sin agujeros, al menos en las escalas que alcanzan los detectores actuales. Es un paso importante para entender algún día por qué el globo empezó a inflarse y qué lo hace inflarse cada vez más rápido.
La constante de Hubble es una de las magnitudes más "discutidas" de la astrofísica: el universo temprano, medido con la radiación cósmica de fondo, da unos 67 km/s/Mpc, mientras que el universo tardío, medido con supernovas, da unos 73. Las ondas gravitacionales ofrecen una tercera vía independiente, y por ahora su estimación se sitúa justo en el medio.
En la novela "Contacto" de Carl Sagan, una señal del espacio contiene instrucciones para construir una máquina que utiliza ondas gravitacionales para viajar; en esencia, una ondulación controlada del espacio, que aquí se estudia como fenómeno natural.
