Un agujero negro puede compararse con una campana: tras el impacto, vibra emitiendo un 'tañido' que se desvanece. Ese tañido son las ondas gravitacionales que detectan los instrumentos en la Tierra. Normalmente, los astrofísicos escuchan los armónicos generados por el anillo de luz, la región cercana al horizonte donde los fotones dan vueltas antes de caer o escapar. Pero los autores de este nuevo trabajo hicieron crecer lentamente un agujero negro, alimentándolo con materia, y oyeron algo nuevo.
En un agujero negro en crecimiento, además de los armónicos conocidos, aparecieron frecuencias puramente imaginarias. Un péndulo que oscila cada vez más despacio y de repente empieza a caer sin oscilar: ese es el símil de esta señal. El cálculo analítico mediante las funciones especiales de Heun y la simulación numérica en cortes hiperbólicos dieron una concordancia perfecta. Estos modos imaginarios controlan el final mismo de la señal: cuando el tañido ordinario ya se ha extinguido, crean una cola que decae exponencialmente.
Las simulaciones en el dominio del tiempo confirmaron que los tonos puramente imaginarios no son una curiosidad matemática, sino un efecto físico real. Cuando el agujero negro deja de crecer, el espectro vuelve a la cola clásica de ley de potencias. Este descubrimiento proporciona una nueva herramienta para analizar los datos de los detectores de ondas gravitacionales y para poner a prueba la curvatura del espacio-tiempo cerca del horizonte.
La cola de ley de potencias en un agujero negro ordinario se parece al eco en una gran sala: el sonido se desvanece de forma larga y suave. La cola exponencial es como un chasquido de dedos en una habitación pequeña: surge de repente y desaparece al instante.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, el océano generaba estructuras misteriosas como si respondiera a los pensamientos humanos. Del mismo modo, un agujero negro 'responde' al crecimiento de su masa con un nuevo tipo de señal, como si adquiriera una voz.