Se presenta el flujo de salida más rápido conocido de un cuásar, detectado en el ultravioleta mediante la absorción variable de iones C IV y Si IV a velocidades de −77 000 a −90 000 km/s (≈0,3c) en el cuásar radiotranquilo SDSS J2318. La espectroscopía Gemini GNIRS de la línea Hα da un corrimiento al rojo z=2,6781; la fotometría a lo largo de 20 años muestra una variabilidad pico de 0,5m en la banda g. Durante unos 2,2 años en el sistema en reposo, la absorción de C IV se intensificó monótonamente. La existencia de este flujo requiere que los modelos sean capaces de acelerar el gas a 0,3c conservando los iones C IV y Si IV, o que estos iones se formen directamente en el gas ya acelerado. La masa virial del agujero negro es de 1,65×10⁹ M☉, con una razón de Eddington de 0,45. Bajo supuestos conservadores, la pérdida de masa solo en el flujo ultravioleta supera las 0,82 M☉/año, y la razón entre la luminosidad cinética y la bolométrica L_kin/L_bol≥0,75%, por encima del umbral para una retroalimentación significativa en la galaxia. La comparación con PDS 456 sugiere un posible aumento de estas cifras en dos órdenes de magnitud.
Ya a mediados del siglo XX, Maarten Schmidt identificó los cuásares como núcleos galácticos activos lejanos. Hoy sabemos que en el centro de cada cuásar se esconde un agujero negro supermasivo que engulle materia activamente. Sin embargo, parte del gas no cae en el abismo, sino que es expulsado en potentes flujos capaces de afectar a toda la galaxia anfitriona: calentando y barriendo el medio interestelar, y regulando la formación estelar. Observar estos 'vientos' es clave para comprender la evolución conjunta de los agujeros negros y sus galaxias.
El descubrimiento fue posible gracias al monitoreo espectroscópico de largo plazo dentro del Sloan Digital Sky Survey (SDSS) y observaciones con el telescopio Gemini Norte. Los espectros del cuásar, tomados en tres épocas, mostraron profundas depresiones de absorción en el rango ultravioleta. Para extraer las líneas de absorción, los investigadores construyeron modelos del continuo corregidos por enrojecimiento interestelar y supresión debida al bosque Lyman-alfa. Se emplearon tanto integraciones directas como ajustes gaussianos. Las curvas de luz de relevamientos terrestres complementaron el cuadro de variabilidad.
Las líneas de absorción de los iones de carbono CIV y silicio SiIV aparecen desplazadas al azul en monstruosos 77 000–90 000 km/s, aproximadamente 0,3 de la velocidad de la luz. Es el segundo cuásar conocido con un flujo ultravioleta tan rápido, después de PDS 456. En 2,2 años (en el sistema de reposo del cuásar) el flujo de materia creció monótonamente: la anchura equivalente de la línea CIV aumentó de 660 a 3730 km/s. Estimaciones viriales a partir de la línea Hα proporcionan una masa del agujero negro de 1,65×10^9 M⊙, y la luminosidad bolométrica alcanzó 1,09×10^47 erg/s con un cociente de Eddington cercano a 0,45. El límite inferior para la tasa de pérdida de masa es de 0,82 M⊙ por año, lo que corresponde a una luminosidad cinética de al menos el 0,75% de la de Eddington.
Esta potente eyección coloca a J2318 entre los objetos en los que la retroalimentación del flujo puede influir notablemente en la galaxia. Esto refuerza los modelos teóricos que requieren "vientos" de núcleos activos para explicar las relaciones entre la masa del agujero negro y las propiedades del bulbo. Además, la presencia de iones poco ionizados a velocidades tan altas desafía las teorías de aceleración: el gas debe acelerarse sin sobrecalentarse, o bien formarse ya en el flujo en movimiento.
El monitoreo continuo de J2318, junto con observaciones en rayos X con futuros observatorios como NewAthena, permitirá estudiar las fases más calientes del flujo. Instrumentos como el James Webb pueden detectar componentes moleculares del viento. Ampliar la muestra de flujos extremos ayudará a determinar si la velocidad cercana a 0,3c es un límite universal, quizás relacionado con el mecanismo de bloqueo de las líneas de la serie de Lyman.
Los resultados son importantes para comprender la evolución de las galaxias masivas en el universo temprano, donde los cuásares son especialmente activos. También estimulan el desarrollo de simulaciones hidrodinámicas con retroalimentación.
Se planea continuar el monitoreo espectroscópico para seguir la variabilidad de las absorciones, así como obtener espectros profundos en rayos X para determinar la densidad de columna y la energía total del flujo.
El enigma de la aceleración del gas en los flujos de los cuásares sigue sin resolverse. Cómo el gas sobrevive en un estado de baja ionización mientras es acelerado a 0,3c es una cuestión que entronca con el problema de las ondas de choque y la conducción térmica en el plasma astrofísico. Además, la conexión entre los componentes ultravioleta y de rayos X de los flujos es crítica para evaluar el balance completo de la retroalimentación.
🎯 Si el viento de J2318 soplara en el Sistema Solar, cubriría la distancia de la Tierra a la Luna en menos de 4 segundos. Y, sin embargo, el cuásar en sí es 'de líneas débiles': sus líneas de emisión son anormalmente tenues, lo que lo asemeja a un astrofísico 'tímido' de temperamento salvaje.