Los astrónomos han encontrado el «viento» más rápido de un cuásar: se desplaza a casi un tercio de la velocidad de la luz. Este chorro de gas es tan poderoso que puede afectar a toda la galaxia, como un huracán cósmico. ¿Podrá ese viento detener el nacimiento de nuevas estrellas?
En el centro de muchas galaxias se esconde un agujero negro supermasivo, un remolino gravitatorio donde incluso la luz desaparece. El gas que cae en él gira como el agua al vaciarse por el desagüe de un lavabo, pero una parte sale expulsada en potentes chorros. En el cuásar J2318, ese viento viaja a 90.000 km/s, un tercio de la velocidad de la luz. Recorrería la distancia Tierra-Luna en cuatro segundos. El cuásar está a miles de millones de años luz, y la expansión del Universo ha teñido su luz de rojo. Pero esa impresión es engañosa: en el ultravioleta, J2318 arde con furia oculta.
En 2,2 años, el viento se intensificó. El análisis de la luz (espectroscopía) permitió detectar en él carbono e hidrógeno, eliminando las interferencias del polvo cósmico. Este viento expulsa el gas de la galaxia, frenando el nacimiento de estrellas, como si las salpicaduras del lavabo barrieran la harina de la mesa, impidiendo amasar la masa. Así, el agujero negro (término acuñado por John Wheeler) controla su galaxia. La comprensión llegó gracias a los trabajos de Edwin Hubble y al descubrimiento de Maarten Schmidt, quien demostró que los cuásares son núcleos galácticos lejanos.
🎯 Si este viento soplara en el Sistema Solar, viajaría de la Tierra a la Luna en menos de cuatro segundos.