En diciembre de 2019, el radiotelescopio CHIME captó una señal de radio periódica. Se creyó que era la primera ráfaga rápida de radio con un ritmo claro, un estallido de una galaxia lejana. Pero fue un espejismo: la lluvia dañó las antenas, la calibración se desajustó, y se confundió una lejana explosión con un púlsar en la Vía Láctea, una estrella de neutrones giratoria nacida de la explosión de una supernova.
La comparación con el archivo y la espectroscopía del retardo revelaron el engaño: las ondas de radio atravesaban nubes interestelares de hidrógeno (nebulosas) y polvo cósmico, no el vacío. Tras corregir la calibración, el púlsar quedó en su lugar. Sorprendentemente, ni siquiera el fallo ocultó su brillo: el púlsar se abrió paso a través de los ajustes incorrectos.
Este caso recordó que incluso los mejores instrumentos pueden equivocarse. En 1967, Jocelyn Bell Burnell confundió las señales de los púlsares con artificiales; aquí el púlsar se hizo pasar por un destello lejano. Ahora CHIME revisa la calibración constantemente para no perseguir espejismos.
🎯 El púlsar PSR J0248+6021 se encuentra en una densa región de formación estelar, donde su señal se dispersa como la luz de una linterna en la niebla. Por eso los astrónomos aún debaten a qué distancia está.