La materia oscura podría consistir en pequeños agujeros negros que surgieron después del Big Bang. Al caer en una enana blanca (una estrella densa y moribunda), ese agujero negro provoca una explosión de supernova de tipo Ia. Nuevos modelos, que tienen en cuenta distintos contenidos de elementos pesados (metalicidad), reproducen las curvas de luz observadas y los restos de estas supernovas. El estudio mostró que estas explosiones enriquecen las galaxias con elementos químicos y pudieron ser la principal fuente de elementos en el Universo temprano.
Un enano blanco — una estrella enfriada del tamaño de la Tierra, pero comprimido hasta una densidad de una tonelada por centímetro cúbico. En esencia, es un barril de pólvora cósmico: la temperatura y la presión en su núcleo son enormes, pero no alcanzan el umbral de explosión. Basta con que un minúsculo agujero negro — un visitante de la era del Big Bang — lo atraviese para que la compresión gravitatoria desencadene una reacción en cadena. Estalla una supernova de tipo Ia. El propio agujero permanece intacto, como una bala que atraviesa la pólvora.
Tales agujeros, predichos por Hawking, podrían ser esa misma materia oscura que agrupa las galaxias con un andamio invisible. Al encender enanas blancas, enriquecen el cosmos con carbono y oxígeno. Pero la gran sorpresa es otra: las supernovas de tipo Ia sirven como «faros estándar» para medir la velocidad de expansión del universo. Si una parte de ellas no se encendió por el desbordamiento de la estrella (el límite de Chandrasekhar), sino por el impacto de un agujero, su huella espectral cambia. Esto confunde los mapas de energía oscura — y obliga a revisar los cálculos por los que Riess recibió el Premio Nobel.
🎯 Un microagujero negro, al encender una enana blanca, sale ileso y listo para explotar otra estrella, como una cerilla reutilizable.