Aumentar la potencia circulante en los detectores de ondas gravitacionales hasta niveles de megavatios es crítico para mejorar su sensibilidad en el futuro, pero esto se ve obstaculizado por inestabilidades optomecánicas paramétricas. Se prevé que los métodos de supresión actuales se vuelvan ineficaces a potencias de megavatios. La realimentación óptica ofrece un enfoque independiente para resolver el problema. En este trabajo se demostró por primera vez el control mediante realimentación óptica en un detector a escala real: se suprimió un modo inestable a 10,428 kHz y la ganancia paramétrica se redujo de R=2 a R<0,02. El resultado confirma la eficacia del método para interferómetros de kilómetros de longitud y allana el camino hacia la operación a niveles de megavatios.
Aumentar la potencia circulante en LIGO hasta un megavatio es crucial para mejorar la sensibilidad y detectar nuevas fuentes astrofísicas de ondas gravitacionales, como los remanentes de la fusión de estrellas de neutrones. Esto fue posible gracias a los esfuerzos de Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish. Sin embargo, se interpone la inestabilidad paramétrica (PI): la excitación resonante de vibraciones mecánicas en los espejos de 40 kilogramos por la luz, que en el vacío viaja a la velocidad de la luz constante. Sin suprimirla, es imposible seguir aumentando la potencia. Los métodos tradicionales, como el amortiguamiento electrostático y los amortiguadores acústicos, están llegando a su límite.
En el experimento en la instalación Advanced LIGO en Livingston, la inestabilidad a 10.428 kHz se provocó intencionadamente calentando los espejos. Para suprimirla se usó retroalimentación óptica: la luz dispersada por el modo mecánico interfería con un campo de control generado por un modulador acustoóptico. El error de desajuste de fase se extraía de los batidos en el puerto de salida del interferómetro y, tras un procesamiento numérico, se realimentaba. Esta señal, desfasada 180 grados, proporcionaba interferencia destructiva según el principio de superposición.
Sin control de la PI, la ganancia paramétrica R era de alrededor de 2, y la amplitud de las vibraciones crecía exponencialmente con una constante de tiempo de ~400 s. Tras activar la retroalimentación, el crecimiento se tornó en decaimiento, y la ganancia resultante cayó a R < 0.02, una reducción de dos órdenes de magnitud. Los modelos, construidos con el paquete Finesse y analíticamente, confirmaron que en el momento de encender el sistema la ganancia era de 1.9–1.95. La atenuación medida experimentalmente equivale a pasar de un nivel de potencia de megavatios a unos modestos 10 kW en términos del umbral de aparición de la inestabilidad.
La supresión lograda en dos órdenes de magnitud equivale a convertir un detector de clase megavatio en uno de ~10 kW desde el punto de vista de la inestabilidad paramétrica. Esto significa que la retroalimentación óptica por sí sola puede manejar las inestabilidades que surgirían en telescopios de próxima generación, como el Cosmic Explorer y el Telescopio Einstein, destinados a estudiar agujeros negros y otros objetos. El método también elimina las limitaciones de ruido térmico propias de los amortiguadores acústicos.
En perspectiva, un solo bucle de retroalimentación podrá suprimir varios modos mecánicos acoplados a un único modo óptico, reduciendo radicalmente el número de canales de control necesarios. Para superar las limitaciones actuales por la inyección de la señal de control a través de la entrada principal del interferómetro, se planea hacerla por la superficie trasera de las masas finales, mejorando la sensibilidad y el rango dinámico. Ya se trabaja en interferómetros Mach–Zehnder dedicados para extraer la débil señal de error.
Este desarrollo impactará directamente la astronomía de ondas gravitacionales, permitiendo detectar fuentes más lejanas y débiles, incluyendo remanentes de fusiones de estrellas de neutrones, y ampliará las capacidades de la astronomía multimensajero.
El paso inmediato es implementar el control multimodo con electrónica digital rápida y probar el método en inestabilidades alrededor de 80 kHz, que siguen siendo un problema para Advanced LIGO.
Este trabajo hace avanzar la solución de un problema instrumental clave: superar la inestabilidad paramétrica, que impide mejorar la sensibilidad de los detectores hasta el nivel necesario para comprobar la relatividad general en campos fuertes y detectar ondas gravitacionales primordiales.
🎯 Los espejos de LIGO pesan 40 kg cada uno, pero las vibraciones de su superficie provocadas por la inestabilidad paramétrica pueden ser mil veces mayores que el efecto de una onda gravitacional, literalmente 'silenciando' la señal del cosmos.