Un agujero de gusano es un túnel que conecta dos regiones distantes del universo. Si tal agujero existiera y fuera transitable, una partícula en su interior sentiría no solo la gravedad, sino también una fuerza debida a su propio campo eléctrico. Esta fuerza depende de cómo se curva el espacio-tiempo alrededor.
Los autores del trabajo tomaron un modelo de agujero de gusano con dos parámetros: uno define la forma de la garganta (cuán "abocinada" es), y el segundo, la fuerza de los efectos de marea (cuánto estira los objetos). Colocaron una carga estacionaria en ese agujero y calcularon la fuerza que actúa sobre ella. Resultó que la fuerza no siempre se dirige hacia la garganta o en dirección opuesta: puede cambiar de dirección al alejarse del centro. En algunos casos, hubo dos de tales "cambios".
Otra sorpresa: a grandes distancias, la fuerza disminuye más lentamente que en el espacio ordinario. En un mundo plano, la fuerza de una carga cae como uno sobre la distancia al cuadrado, y la autointeracción, como el cubo. Aquí, si el agujero es suficientemente "rojo" (ralentiza fuertemente el tiempo cerca de la garganta), la fuerza puede disminuir mucho más lentamente. Esto significa que la partícula siente la forma global del espacio-tiempo, no solo la curvatura local. Tal comportamiento convierte a la autointeracción en una sonda sensible para probar teorías de la gravedad.
En los agujeros de gusano más extremos, la fuerza de autointeracción disminuye tan lentamente como en el famoso agujero de Ellis, el modelo más simple sin materia.
Un túnel similar aparece en la película "Interstellar", donde los héroes vuelan a través de un agujero de gusano en busca de un nuevo hogar.