Los científicos buscan las primeras estrellas, compuestas solo de hidrógeno y helio, como agua pura de manantial. Con el telescopio JWST es difícil distinguirlas de estrellas posteriores, contaminadas con elementos pesados. El nuevo método divide la imagen en píxeles, como un mosaico, y encuentra cúmulos jóvenes de las primeras estrellas en las afueras de galaxias tenues, donde se ven mejor. ¿Qué más esconden las galaxias lejanas?
Tras el Big Bang, el cosmos estaba lleno solo de hidrógeno y helio. A partir de ellos comenzaron a nacer las primeras estrellas — gigantes sin ningún elemento pesado (los astrónomos llaman a esto ausencia de metales). Sus cortas vidas terminaban en explosiones, esparciendo a su alrededor las primeras porciones de átomos pesados y creando nebulosas primigenias.
La luz de estas estrellas es casi indistinguible — se pierde en el brillo de otras galaxias, como un susurro en un salón ruidoso. Para escucharlo, los astrónomos aplicaron un análisis píxel por píxel. El Telescopio Espacial James Webb descompone la imagen en píxeles, y un programa con aprendizaje automático, entrenado con millones de simulaciones por computadora, compara la descomposición de la luz en colores de cada píxel con un modelo, teniendo en cuenta distancias, donde la luz se enrojece debido a la expansión del universo.
Así se logró identificar a la candidata «Arándano»: en el píxel central su espectro está compuesto solo de helio e hidrógeno, sin la menor traza de metales. Esta es la primera estrella de la población III identificada con seguridad. El método abre el camino para cartografiar la época de la formación de elementos pesados y, posiblemente, para resolver el origen de los agujeros negros supermasivos en los centros de las galaxias. El James Webb continuará la búsqueda.
🎯 Las estrellas de la población III eran tan masivas que su explosión, una hipernova, eclipsaba la luz de toda una galaxia, y hasta ahora ninguna ha sido vista «en vivo».