Los astrónomos han mirado por primera vez dentro de la atmósfera de un planeta que orbita una estrella muerta: una enana blanca. Resulta que allí hay metano, neblina y un calor misterioso, como si el planeta hubiera experimentado un "segundo aliento" miles de millones de años después de la muerte de su sol. ¿Será que nuestro Júpiter algún día repetirá ese destino?
Imagina una pequeña brasa incandescente de una fogata. A su alrededor gira un enorme globo, tan grande que apenas tapa el borde de la brasa. El globo se calienta por un lado, pero por el otro también emite un tenue resplandor térmico, y su envoltura desprende un ligero olor. Por ese olor y ese resplandor podemos deducir de qué gas está hecho el globo. Así es exactamente este sistema: una enana blanca —el remanente de una estrella similar al Sol— y un planeta gigante WD 1856 b. La existencia de estrellas tan pequeñas pero extremadamente densas fue predicha en su día por Subrahmanyan Chandrasekhar.
Los astrónomos utilizaron el telescopio espacial James Webb y el método de tránsito del planeta frente a la estrella para descomponer su luz en un espectro, una especie de arcoíris que revela qué sustancias encontró la luz en su camino. Así, por primera vez, detectaron en la atmósfera del planeta hidrocarburos, moléculas formadas por hidrógeno y carbono, incluido el metano. La atmósfera del planeta está compuesta principalmente de hidrógeno y helio, pero los rastros de metano le darían un olor parecido al del gas natural, si pudiéramos percibirlo. Apenas se detectó vapor de agua, lo que también fue una sorpresa.
También se detectaron aerosoles, partículas minúsculas que crean una neblina similar a la que aparece en la atmósfera terrestre tras las erupciones volcánicas. Estas partículas dispersan la luz y vuelven turbia la atmósfera del planeta. Todo indica que en algún momento el planeta migró hacia la estrella después de que esta se convirtiera en enana blanca, acumulando gran cantidad de carbono. Sorprendentemente, su composición se parece a la de nuestro Neptuno, aunque mucho más caliente.
Este trabajo ha proporcionado por primera vez un retrato detallado de la atmósfera de un planeta en torno a una estrella muerta. Es un paso importante para comprender cómo la evolución estelar afecta a los planetas y qué procesos químicos tienen lugar en ellos.
🎯 WD 1856 b es siete veces más grande que su estrella, algo así como un balón de baloncesto junto a una moneda, y no al revés como ocurre en el Sistema Solar.