Астрономы обнаружили шесть квазаров с крайне слабыми линиями излучения, но мощными ветрами (до 0,16 скорости света). В их центрах — чёрные дыры массой около миллиарда солнц, активно поглощающие вещество. Ультрафиолетовый свет этих объектов поглощается пылью, причём в половине случаев пыль аномально сильно ослабляет короткие волны — как будто её частицы измельчены. Учёные предполагают, что квазары только что вырвались из своих пылевых коконов, и звёздный ветер дробит пыль, делая её более прозрачной в ультрафиолете.
En el corazón de las galaxias masivas maduran monstruosos 'capullos' gravitacionales: agujeros negros de miles de millones de masas solares, envueltos en un denso velo de gas y polvo. Pero toda metamorfosis requiere romper la envoltura. Por primera vez, los astrónomos han sorprendido a los cuásares en el momento decisivo: como mariposas cósmicas, rasgan sus cubiertas de polvo, expulsando materia a una velocidad monstruosa y desnudando un núcleo cegador.
Mediante una finísima espectroscopía se logró no solo registrar este viento huracanado, sino también comprender su composición. Las líneas de hidrógeno, carbono y helio se comportan de forma anómala: en el ultravioleta casi desaparecen, mientras que en la luz visible conservan su fuerza normal. Esto apunta a un continuo ionizante 'suave' que acelera las partículas por radiación, pero no es lo bastante duro como para hacer brillar elementos altamente ionizados. El polvo en semejante flujo se rompe en migas microscópicas por las ondas de choque, lo que explica la extraña ley de extinción que los astrónomos compararon con las Nubes de Magallanes, pero con un crecimiento muy pronunciado en el ultravioleta.
La masa del monstruo central —objeto cuya existencia misma fue predicha en los trabajos de Karl Schwarzschild— se calculó a partir de la línea de emisión del Hα, descubierta por Johann Balmer. Los valores obtenidos de 108.7–109.4 M☉, con una razón de Eddington de 0.14–0.34, perfilan un abismo en rápido crecimiento que aún no ha alcanzado su límite. La baja polarización de la radiación (<4%) delata un ángulo de inclinación pequeño respecto al disco: estamos mirando directamente a través del capullo en dispersión, atravesado por el viento.
Estos objetos son el ansiado eslabón perdido entre los cuásares con líneas de absorción anchas y los cuásares con líneas de emisión débiles. Su estudio a distintos corrimientos al rojo, hasta épocas de 2 a 3 mil millones de años después del Big Bang, permite afinar los modelos de evolución galáctica y el papel de la materia oscura en el ensamblaje de las estructuras cósmicas. En el futuro, el telescopio James Webb penetrará aún más en el infrarrojo para ver cómo nacen estos vientos en los albores del universo y cómo exactamente el agujero negro dicta el destino de su galaxia.
🎯 Uno de los cuásares, GQ 1309+2904, desconcertó a los astrónomos durante mucho tiempo: su línea de emisión estaba tan desplazada que no se podía determinar el corrimiento al rojo sistémico hasta que se observó una débil emisión extendida de Lyman-alfa procedente de la galaxia anfitriona. Esto reveló la distancia real hasta el fugitivo polvoriento.
🎬 El espectáculo del capullo de polvo desgarrándose evoca escenas de 'Interstellar', donde la materia se arremolina alrededor de un agujero negro gigante, o el motivo del desprendimiento de envolturas por parte de la supermente en 'Solaris' de Stanislaw Lem. Pero aquí el teatro cósmico se desarrolla según las leyes físicas reales, sin suposiciones fantásticas.