Los científicos investigaron las estrellas bosónicas —objetos hechos de partículas bosones— en una teoría modificada de la gravedad. Los estados excitados pueden tener densidad de energía negativa, mientras que los fundamentales tienen la normal. Los cálculos de ondas gravitacionales mostraron que el detector LISA puede captarlas. ¿Serán capaces estos 'sonidos' de distinguir una estrella bosónica de un agujero negro?
Imagine un resorte: si lo comprimes, se resiste y empuja hacia atrás. Así es como la materia ordinaria interactúa con la gravedad: atrae. Pero ¿y si existiera un resorte que, al comprimirse, en lugar de resistirse, empujara hacia fuera? Precisamente ese 'resorte invertido' aparece en estados inusuales de las estrellas bosónicas.
Estos objetos parecidos a estrellas no están hechos de átomos, sino de un campo cuántico, como acumulaciones invisibles de energía. Ya en el siglo pasado, el astrónomo Fritz Zwicky sospechó que en las galaxias hay masa oculta, y Vera Rubin lo confirmó observando la rotación de las estrellas. Es posible que parte de esta materia oscura sean precisamente estrellas bosónicas. Nuevas investigaciones muestran que si una estrella así 'vibra' de cierta manera, aparecen regiones con energía negativa. Este extraño comportamiento desafía las reglas establecidas y surge de forma natural en teorías modificadas de la gravedad que intentan explicar la energía oscura, la misteriosa fuerza que acelera el universo. En el intenso campo gravitatorio de una estrella de este tipo se produce una notable dilatación del tiempo que altera la frecuencia de las señales. Estos efectos dejan una huella especial en las ondas gravitacionales, esas ondulaciones del espacio descubiertas gracias a las ideas de Rainer Weiss. Todo esto va mucho más allá del Modelo Estándar de la física de partículas y podría ser comprobado por el futuro detector espacial LISA.
🎯 A las estrellas bosónicas a veces se las llama 'átomos gravitacionales': igual que los electrones se mantienen alrededor del núcleo, el campo cuántico se sostiene a sí mismo por su propia gravedad, formando niveles.