Para enviar una Voyager desde la Tierra bastó con un motor F-1. Pero desde un planeta el doble de masivo, habría que ensamblar una guirnalda de decenas de motores, y cada uno añade no tanto empuje como peso propio. Es como intentar saldar un crédito pidiendo más préstamos. La gravedad no perdona: en supertierras 11 veces más masivas que la nuestra, la deuda cohete se vuelve infinita. Quizá sea esto lo que explica el silencio cósmico: muchas civilizaciones simplemente no pueden escapar de su pozo de deuda.
🎯 Resulta curioso que para la Tierra el modelo predice un solo motor en la primera etapa para enviar 1000 kg a una trayectoria de escape, pero en la práctica las Voyager se lanzaron con pesados cohetes Titan debido a requisitos adicionales de trayectoria y a la masa de las propias sondas.
🎬 El tema recuerda a la trama de El problema de los tres cuerpos de Liu Cixin, donde una civilización extraterrestre no puede abandonar su planeta natal debido a una órbita caótica; aquí la jaula es la masa del pozo gravitatorio.