Un rayo de luz entra en un vidrio esmerilado y se apaga: algo común. Pero los físicos saben desde hace tiempo cómo hacer que la luz lo atraviese sin perder ni un fotón. Ese truco se llama transparencia inducida electromagnéticamente: dos ondas de luz se cancelan mutuamente en el punto adecuado y la absorción desaparece. Ahora, un truco similar se ha logrado con átomos.
Los autores tomaron una nube de átomos de cesio enfriada hasta el estado de condensado de Bose-Einstein (la materia se comporta como una única onda cuántica gigante). Con un campo magnético crearon un lugar 'pegajoso': una resonancia donde los átomos se unen formando moléculas y se pierden para la observación. Pero en lugar de desaparecer, la onda atómica atravesó esa región casi intacta. El secreto está en la interferencia: los dos caminos por los que los átomos podrían haber entrado en reacción se anularon mutuamente.
En el experimento no solo se controló la intensidad, sino también la frecuencia de modulación del campo. Así se abrió una estrecha 'ventana de transparencia' dentro de una amplia banda de pérdidas. El ancho de la ventana se determinaba con la potencia de la señal, y la elección del camino de reacción, con la combinación de frecuencias. Este control recuerda a sintonizar una radio: girando la perilla se puede escuchar una estación débil entre el ruido.
El resultado no es solo una bonita analogía. Surge una herramienta para la química cuántica programable: se pueden activar o desactivar reacciones, controlar flujos de energía y partículas. Además, se pueden crear sensores sensibles donde el más mínimo desplazamiento de la resonancia delata la presencia de una sustancia. Una onda atómica que atraviesa un 'vidrio esmerilado' sin pérdidas lleva información que antes era imposible de ver.
El condensado de Bose-Einstein fue predicho en 1924, pero no se obtuvo por primera vez hasta 1995. Para ello, los átomos se enfrían a milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto.