Cuando un planeta gigante crece, atrae gas hacia sí. Parte de ese gas gira a su alrededor formando un pequeño disco, llamado disco circumplanetario. Se cree que es en estos discos donde aparecen los satélites. En el planeta PDS 70 c, que se encuentra a 370 años luz de nosotros, se ha observado directamente ese disco con el conjunto de antenas ALMA en el rango milimétrico.
Durante mucho tiempo, los modelos predijeron que este disco era casi transparente a la radiación: los granos de polvo derivaban rápidamente hacia el planeta y no se quedaban. Pero las observaciones decían lo contrario: el disco parecía denso, como una niebla espesa que no deja pasar la luz. La explicación propuesta en el nuevo trabajo es simple y elegante: el polvo no está distribuido en una capa uniforme, sino que se ha concentrado en un anillo, similar al cinturón de asteroides de nuestro sistema solar. En ese anillo, los granos de polvo se rozan entre sí, crecen y se calientan, generando esa señal densa que captan los telescopios.
Esta imagen no solo resuelve las contradicciones, sino que abre una perspectiva fascinante. Los cálculos muestran que en este anillo podría actuar la llamada inestabilidad de flujo: el polvo se condensa en grumos, y estos, bajo su propio peso, colapsan en embriones de futuras lunas. Si es así, hemos sorprendido a PDS 70 c en el momento exacto en que su propia 'fábrica de lunas' está arrancando. Diminutos granos de polvo, al chocar y adherirse, comienzan el largo camino para convertirse en nuevos mundos.
El diámetro del anillo de polvo alrededor de PDS 70 c es aproximadamente 50 veces mayor que el diámetro del propio planeta, como si alrededor de la Tierra, a la distancia de la Luna, girara un denso aro de arena.
Un proceso similar de nacimiento de lunas a partir de un anillo de polvo se describe en la novela de Arthur C. Clarke '2010: Odisea dos', donde en el sistema de Júpiter aparece una nueva estrella y los satélites se forman de nuevo.