Muchas galaxias satélite de la Vía Láctea muestran «colas», rastros de estiramiento gravitacional. La cosmología estándar las explica por su resistencia gracias a la materia oscura. Pero la comparación con la teoría alternativa (MOND) mostró que, si no hay materia oscura, las deformaciones por marea son justamente las esperadas. Imagina un paraguas que el viento voltea sin esfuerzo: sin una cubierta firme, está indefenso. Entonces, ¿quizás no se trata de partículas oscuras, sino de las propiedades de la gravedad misma?
En un pasado lejano, después del Big Bang, se formaron miles de millones de galaxias. Ya en la primera mitad del siglo XX, el astrónomo Fritz Zwicky notó que los cúmulos de galaxias se movían demasiado rápido y sugirió la existencia de una masa invisible, y más tarde, Vera Rubin demostró de manera convincente que las estrellas en muchas galaxias giran como si algo invisible las sostuviera. En honor al descubrimiento de la expansión del Universo, también vale la pena recordar a Georges Lemaître, quien fue pionero en la teoría del Big Bang. Según la teoría predominante, cada galaxia está envuelta en una enorme nube de materia oscura, una sustancia invisible que no emite luz pero atrae la materia ordinaria con su gravedad. Esta nube funciona como una gruesa capa elástica que protege a la galaxia de las influencias externas. Sin embargo, las observaciones de los últimos años muestran que las pequeñas galaxias satélite que orbitan nuestra Vía Láctea tienen un aspecto extraño: sus formas están distorsionadas y las estrellas en su interior se mueven más rápido de lo que deberían.
Elena Asencio y sus colegas decidieron comprobar si esto es realmente así. Tomaron datos precisos sobre el movimiento de ocho satélites enanos clásicos, obtenidos con el telescopio espacial Hubble, y calcularon a qué distancia del centro de la Vía Láctea la gravedad desgarraría estas galaxias, lo que se denomina radio de marea. Luego compararon este radio con los tamaños reales de las galaxias. En el modelo estándar con materia oscura, todos los satélites estaban a salvo: sus envolturas protectoras eran tan grandes que la Vía Láctea no podría dañarlos. Pero si se prescinde de la materia oscura y se adopta la teoría MOND (dinámica newtoniana modificada), donde la gravedad a grandes distancias funciona de forma ligeramente diferente, el panorama cambia drásticamente. Para varias galaxias, la relación entre el tamaño y el radio de marea superó el umbral crítico, lo que significa que deberían estar notablemente estiradas o incluso desgarradas. Y eso es exactamente lo que observan los astrónomos: en satélites como la Osa Menor y Sculptor se han detectado colas estelares y formas distorsionadas, y la espectroscopía muestra que las estrellas en su interior se mueven de forma más caótica de lo esperado.
Estos resultados hacen reflexionar: ¿es realmente necesaria la materia oscura para explicar lo que vemos? Si la teoría MOND es correcta, entonces las leyes gravitacionales familiares a grandes escalas pueden estar incompletas, del mismo modo que las leyes de Newton se refinan con la teoría de la relatividad. Es interesante que la destrucción por marea también podría alimentar los agujeros negros supermasivos en los centros de las galaxias, capturando material estelar. Además, las teorías alternativas a veces incluso reconsideran la velocidad de la luz, pero aquí el cambio clave se refiere a la gravedad. Los datos obtenidos recuerdan que los astrónomos solo recientemente han aprendido a detectar las ondas gravitacionales, vibraciones del espacio-tiempo que, al igual que las mareas, transportan energía. Y también es importante que estas galaxias están casi desprovistas de hidrógeno neutro, por lo que el gas no puede explicar su extraño comportamiento.
🎯 La más redonda de estas galaxias enanas, Leo II, es una esfera casi perfecta (elipticidad de solo 0.07), mientras que la más achatada, la Osa Menor, está fuertemente distorsionada (0.55), muy probablemente debido a las fuerzas de marea de la Vía Láctea.
🎬 Esta situación recuerda a la novela de ciencia ficción «Pandemónium» de Peter F. Hamilton, donde las tormentas gravitacionales desgarran sistemas estelares, dejando tras de sí corrientes enteras de estrellas.