Cada tumor escribe su propia cosmología. Sus células son galaxias y las mutaciones, estallidos estelares que marcan las ramas de su árbol genealógico. La clave de esta historia está en el ritmo de acumulación de erratas genéticas.
En un cuerpo real, los recursos son limitados. Tras la primera oleada de expansión llega una calma: el espacio escasea y la entropía (el desorden genético) apenas aumenta. Pero luego el tumor, como un universo en maduración, genera nuevos focos y se produce una segunda explosión de mutaciones. Este patrón revela etapas ocultas de la lucha por la supervivencia. Un dato sorprendente: a menudo, las ramas tardías portan mutaciones de resistencia a fármacos que pueden anticiparse según la forma del árbol.
En un solo tumor grande puede haber más variantes genéticas que en toda la población humana: es el resultado de una evolución rápida.