Un niño, al explorar un apartamento desconocido, gatea de un objeto a otro y recuerda qué se ve desde cada rincón. Así es como el cerebro construye un mapa mental. El algoritmo gradCSCG funciona igual: recibe un flujo de video de la cámara y dibuja por sí mismo un esquema de la habitación, basándose solo en el cambio de imágenes. Antes, las máquinas necesitaban pistas, como objetos marcados de antemano. El nuevo método prescinde de ellas. Una parte del programa comprime las imágenes visuales en un código corto, un «espectro» (conjunto de rasgos característicos), y la segunda, gradCSCG, vincula esos códigos con el camino recorrido. Todo se entrena a la vez: los errores de reconocimiento corrigen la topología, y viceversa. Para que el sistema no pierda el hilo, se incorporan mecanismos que reducen la entropía (confusión) y evitan que se «duerma» en la monotonía. Un resultado sorprendente: incluso si en un mismo lugar la cámara mostraba a veces un dígito escrito a mano «3» y a veces una mancha, el algoritmo determinaba con seguridad que se trataba del mismo punto. Así se reconstruye el modelo estándar (plano típico) de la ubicación. Las neuronas de cuadrícula de nuestro cerebro funcionan según el mismo principio: su descubrimiento en 2014 mereció un Premio Nobel. La tecnología promete robots asistentes que exploren plantas desconocidas sin GPS, como el droide BB-8.
El cerebro humano utiliza el mismo principio: neuronas especiales en «cuadrícula» se encargan de la orientación (Premio Nobel 2014). gradCSCG es un paso para reproducir esta capacidad en la tecnología.
Así se orienta el droide BB-8 de «Star Wars»: la cámara hace de ojos y el mapa se construye sobre la marcha sin satélites.