En un estadio hay cien mil aficionados, cada uno a su ritmo. Pero basta con que un pequeño grupo lance una ola y todo el estadio estalla en movimiento. Igual sucede con los neutrinos en una supernova: la esquiva conversión de sabor se apodera de todo el núcleo en millonésimas de segundo. El aprendizaje automático predice ahora esa avalancha a partir de instantáneas borrosas de la multitud. La misma idea ayudará algún día a controlar el plasma de fusión, anticipando las disrupciones antes de que quemen el reactor.
🎯 Si imaginamos el núcleo de una supernova como un estadio de fútbol, la región donde nace la rápida inestabilidad de sabor sería más fina que una telaraña: centímetros frente a decenas de kilómetros.