En el corazón mismo de la Vía Láctea, alrededor de un agujero negro supermasivo invisible, giran estrellas. Una de ellas, S301, completa una órbita en solo 8,7 años. Su trayectoria es una elipse muy aplastada: a veces se acerca casi rozando al agujero negro, y otras se aleja hasta perderse. En el punto de máximo acercamiento, la distancia al agujero es diminuta en términos cósmicos.
Es precisamente allí, al borde del abismo, donde el espacio y el tiempo se curvan tanto que el eje de rotación de la estrella comienza a girar lentamente, como una peonza a la que se le da un empujón. Este efecto se denomina precesión geodésica. Los autores del estudio han calculado cuánto se desplazará la línea de absorción en el espectro de la estrella debido a este giro. Si los espectrógrafos de nueva generación detectan este corrimiento, tendremos otra confirmación de que la curvatura del espacio-tiempo alrededor del agujero negro se comporta exactamente como predijo Einstein. La estrella se convierte en un giroscopio volador cuyo desplazamiento puede medirse desde la Tierra.
El período orbital de S301 alrededor del agujero negro es de 8,7 años, más corto que el de Júpiter alrededor del Sol (12 años), aunque el agujero es millones de veces más masivo.