El rayo láser en unas pinzas ópticas no es solo un punto de luz, sino una bolsa de fuerza. Una partícula que cae en él normalmente rueda hacia el punto más brillante, como una canica en un hoyo. Pero en el laboratorio de la ETH Zurich atraparon un cilindro de silicio de unos cien nanómetros y lo mantuvieron en el lugar más oscuro de una onda estacionaria, donde la luz se anula a sí misma. La partícula no escapaba, sino que levitaba tranquilamente en el nodo, como si la luz la repeliera.
El secreto está en el material. Una esfera de vidrio siempre es atraída por la luz, porque la luz empuja ligeramente los electrones en su interior, y estos arrastran la esfera consigo. El silicio es diferente: para ciertos tamaños de cilindro, la respuesta a la luz cambia de signo. Entonces la partícula se comporta como un flotador que busca no la cresta de la ola, sino el valle. Esto se llama polarizabilidad negativa, y antes solo se había logrado con átomos, no con partículas sólidas.
Los físicos fabricaron los cilindros mediante litografía, la misma técnica que dibuja los circuitos en los microchips. Luego los suspendieron en el vacío entre dos rayos láser enfrentados. Se formó una onda estacionaria: una alternancia de franjas brillantes y oscuras. Las esferas de vidrio, como se esperaba, se reunían en las franjas brillantes. Los cilindros de silicio, en las oscuras. Para asegurarse de que la partícula realmente se encontraba en la oscuridad, los científicos rotaron la polarización de la luz y observaron la radiación dispersada: el patrón se desplazaba exactamente 90 grados, como corresponde a un nodo.
Antes de este trabajo, se pensaba que una partícula sólida solo podía mantenerse en un mínimo de luz mediante una realimentación compleja o un haz hábilmente conformado. Aquí, la trampa funciona por sí sola, simplemente gracias al material y al tamaño de la partícula. Es como aprender a montar la tienda no en un claro soleado, sino a la sombra, donde no hace calor ni corre el viento.
Ahora que la trampa oscura está demostrada, se pueden acercar las partículas a las superficies casi en contacto, a distancias menores que la longitud de onda de la luz. Esto permitirá medir fuerzas que solo actúan a distancias tan diminutas y construir sensores cuánticos a partir de objetos levitantes. Y si se enfría la partícula hasta el estado fundamental, la trampa oscura se convertirá en el escenario ideal para observar el comportamiento cuántico de cuerpos grandes.
Los cilindros de silicio soportan la potencia del láser que evaporaría una esfera de vidrio del mismo tamaño, porque en el mínimo de intensidad apenas absorben luz.
La idea de mantener un objeto en la oscuridad resuena con el concepto de 'trampa oscura' de la ciencia ficción, como el campo de estasis en la serie 'Star Trek', donde la materia se mantiene sin una influencia visible.