El agua confinada entre dos cilindros, cuando el interno gira, primero fluye en capas uniformes. Pero en cuanto la velocidad supera cierto límite, las capas se pliegan en anillos, como una pila de rosquillas. Los físicos llaman a esto vórtices de Taylor: el flujo pierde estabilidad y aparece un patrón regular. Los aditivos poliméricos, incluso en cantidades minúsculas, se comportan como resortes: se estiran y se comprimen, dando elasticidad al líquido. En el nuevo trabajo, un experimento numérico comprobó cómo estos resortes reordenan el umbral de estabilidad y la propia danza de los vórtices.
El autor modeló el flujo en el espacio entre cilindros, donde el radio del cilindro interno es veinte veces menor que el externo. En el flujo estacionario se introdujo ruido blanco de duración finita: sacudidas aleatorias de todas las frecuencias, como si se golpeara el líquido simultáneamente con muchos martillos diminutos. Luego la computadora observó si esas perturbaciones se desvanecían o crecían. Para el agua ordinaria, el número de Reynolds crítico, en el que comienza el crecimiento, resultó ser aproximadamente 265, lo que coincide con la teoría lineal. Para una solución débilmente elástica, el umbral cayó a 202: los resortes desestabilizan el flujo.
Pero la gran sorpresa llegó después. Con Re = 190, la perturbación se desvanecía; con Re = 210, la energía alcanzaba un nivel constante; y con Re = 250, crecía. En agua ordinaria, tras la pérdida de estabilidad, aparecían los conocidos vórtices de Taylor anulares. En la solución polimérica se formaban vórtices helicoidales: estructuras en espiral enrolladas a lo largo del eje de los cilindros, como la rosca de un tornillo. Antes, estos vórtices en un fluido newtoniano solo aparecían cuando ambos cilindros giraban en direcciones opuestas. La elasticidad de las moléculas del polímero imita ese efecto, aunque el cilindro externo permanezca fijo.
Hasta este trabajo, no estaba claro si la predicción de la teoría lineal sobre la competencia de modos se confirmaba con la simulación no lineal. Ahora, la simulación numérica directa mostró que, con K = 0.1, el número de Reynolds crítico se reduce a 202, y en condiciones supercríticas se forman vórtices helicoidales, no vórtices de Taylor. El autor introdujo ruido blanco de duración finita en el flujo estacionario y siguió la evolución no lineal de la energía de perturbación hasta alcanzar el flujo secundario. Los resultados pueden usarse para verificar modelos de fluidos viscoelásticos y para predecir el umbral de inestabilidad en flujos tecnológicos de polímeros.
Las cadenas de polímero, como resortes, reordenan la danza de los vórtices: en lugar de una pila de rosquillas, aparece la rosca de un tornillo. Este descubrimiento es importante para la mezcla, el recubrimiento y el transporte de soluciones poliméricas por tuberías. Comprender el umbral de inestabilidad y el tipo de vórtices que surgen ayudará a predecir y controlar la transición a la turbulencia. En los próximos experimentos, convendría comprobar cómo se comportan las soluciones reales, donde los efectos pueden ser aún más complejos que en el modelo.
Los vórtices helicoidales que surgen en la solución polimérica, en un fluido newtoniano solo aparecen cuando ambos cilindros giran en direcciones opuestas. La elasticidad de las moléculas del polímero imita ese efecto, aunque el cilindro externo permanezca fijo.