Imagínese que está escuchando el ruido de la lluvia y de pronto oye un trueno. No sabía cuándo iba a sonar ni cómo sería, pero aun así lo detectó. Así funciona el nuevo método para captar ondas gravitacionales: busca cualquier estallido brusco sin necesidad de plantillas preparadas.
Por lo general, los detectores LIGO buscan señales comparándolas con millones de patrones calculados de antemano, como quien busca una melodía conocida. Pero la explosión de una estrella o el temblor de una estrella de neutrones no tienen una partitura exacta. Por eso los científicos idearon un filtro de wavelets: divide el flujo de datos en ondas cortas de distinta longitud y observa cuáles de ellas son demasiado intensas para tratarse del ruido habitual.
Cuando dos detectores captan estallidos parecidos casi al mismo tiempo, puede tratarse de una misma fuente. Antes, esas coincidencias se verificaban con una fórmula sencilla, pero ahora lo hace una red neuronal. Esta aprende con ejemplos y decide por sí misma qué pares son reales y cuáles son casuales. En las pruebas, el método encontró casi todas las fusiones de agujeros negros e incluso el evento real GW250114 sin una sola plantilla preparada.
El evento GW250114 fue encontrado por el flujo sin plantillas, aunque su relación señal-ruido de red ronda 80 y la falsa alarma es extremadamente pequeña. El filtro de wavelets usa diez bases distintas para que cada señal quede representada en la forma más compacta posible.
La idea de escuchar el cosmos sin plantillas predefinidas resuena con la novela «Contacto», de Carl Sagan, donde la señal de origen extraterrestre se detectó precisamente porque no se parecía a los ruidos esperados.