El radiotelescopio RATAN-600 es un anillo de cientos de paneles de aluminio en la ladera de una montaña en Karacháyevo-Cherkesia. En la primavera de 2018, su espejo captó ondas de radio de dieciséis enanas rojas — estrellas pequeñas, tenues, pero de vida muy larga. Cada una de ellas tiene planetas similares a la Tierra en tamaño y situados en la «zona de vida»: allí no hace ni demasiado calor ni demasiado frío, el agua puede permanecer líquida.
Los científicos encendieron los receptores en cuatro frecuencias — como si sintonizaran la radio en distintas emisoras. El rango de 2,3 a 22 gigahercios cubre tanto los ruidos naturales del cosmos como las posibles señales artificiales. Cada estrella fue escuchada de tres a veintisiete veces, durante varios segundos por pasada. El resultado — silencio. Ni una llamarada, ni una señal estable.
El silencio no significa vacío. Significa un límite: si estas estrellas albergan civilizaciones, sus transmisores de radio son o más débiles que nuestros radares, o permanecen en silencio. Además, las observaciones mostraron que las enanas rojas estuvieron tranquilas durante ese mes — sin llamaradas potentes que pudieran interferir con la vida en planetas cercanos.
El radiotelescopio ha callado, pero su plato ya se gira hacia otras estrellas. Cada hora de silencio no es tiempo perdido, sino una nueva frontera en el mapa de la búsqueda.
El RATAN-600 es uno de los radiotelescopios más grandes del mundo: el diámetro de su anillo es de 576 metros, pero no es un plato continuo, sino 895 paneles individuales que se pueden inclinar.