Se presentan los resultados de las observaciones radiointerferométricas (VLBI) de la supernova de envoltura desgarrada SN 2012au entre 8 y 13 años después del colapso del núcleo. La fuente permanece compacta (≤1.4×10^17 cm) y estacionaria (≤0.36c) con un desvanecimiento constante. Estos datos descartan un modelo de chorro relativista fuera del eje y son consistentes con la emisión de una nebulosa de viento de púlsar (PWN) de una década de edad, aunque también es posible una interpretación alternativa por interacción del choque con un medio circunestelar denso. Asumiendo que se trata de un PWN, la potencia de frenado inicial del púlsar está en el rango de 10^36 a 4×10^42 erg/s, con una eficiencia en radio η_R ≥ 3×10^−7 (intervalo de confianza del 99.7%). De confirmarse, SN 2012au se convertiría en la primera nebulosa de viento de púlsar extragaláctica nacida en una supernova moderna, abriendo una oportunidad sin precedentes para estudiar las propiedades de un púlsar joven.
Cuando una estrella masiva muere, explota como supernova (término acuñado gracias a Fritz Zwicky). En el centro queda una esfera del tamaño de una ciudad, comprimida a una densidad monstruosa: una estrella de neutrones. Si gira rápidamente, emite dos finos haces de radiación, como un faro.
Años después de la explosión SN 2012au, en una lejana galaxia espiral, los astrónomos notaron un aumento en la señal de radio. Una red de radiotelescopios, funcionando como un gigantesco oído, mostró que la fuente apenas se mueve y es muy pequeña. Su velocidad es inferior a un tercio de la velocidad de la luz, algo típico de un púlsar joven, no de eyecciones de materia en nubes de polvo cósmico.
Si los datos se confirman, será el primer radiopúlsar en otra galaxia que sorprendemos poco después de nacer. Al estudiarlo, veremos cómo estos faros cósmicos ganan fuerza. Un dato sorprendente: la energía de rotación de un púlsar es tan estable que podría usarse para ajustar relojes atómicos, incluso después de millones de años.
🎯 Algunos púlsares giran hasta 700 veces por segundo, más rápido que el cigüeñal de un monoplaza de Fórmula 1.