Utilizando una red de radiotelescopios (VLBI), los astrónomos observaron la supernova SN 2012au entre 8 y 13 años después de la explosión. La fuente se mantuvo compacta y casi inmóvil, lo que se explica mejor por una nebulosa inflada por el viento de un púlsar joven (PWN). Esto descarta la hipótesis del chorro e impone límites a la potencia del púlsar. Si se confirma, estaríamos viendo el nacimiento de un púlsar fuera de la Vía Láctea por primera vez: una ventana única a la física de las estrellas de neutrones.
Cuando una estrella masiva muere, explota como supernova (término acuñado gracias a Fritz Zwicky). En el centro queda una esfera del tamaño de una ciudad, comprimida a una densidad monstruosa: una estrella de neutrones. Si gira rápidamente, emite dos finos haces de radiación, como un faro.
Años después de la explosión SN 2012au, en una lejana galaxia espiral, los astrónomos notaron un aumento en la señal de radio. Una red de radiotelescopios, funcionando como un gigantesco oído, mostró que la fuente apenas se mueve y es muy pequeña. Su velocidad es inferior a un tercio de la velocidad de la luz, algo típico de un púlsar joven, no de eyecciones de materia en nubes de polvo cósmico.
Si los datos se confirman, será el primer radiopúlsar en otra galaxia que sorprendemos poco después de nacer. Al estudiarlo, veremos cómo estos faros cósmicos ganan fuerza. Un dato sorprendente: la energía de rotación de un púlsar es tan estable que podría usarse para ajustar relojes atómicos, incluso después de millones de años.
🎯 Algunos púlsares giran hasta 700 veces por segundo, más rápido que el cigüeñal de un monoplaza de Fórmula 1.