El diagnóstico genético se parece a comparar dos fotografías tomadas con cámaras distintas. Si una cámara altera un poco los colores, en la imagen aparecen «defectos» que no existen en la realidad. Igual ocurre con el análisis de ADN: la muestra del paciente se compara con una referencia, y si la referencia se procesó con reactivos de otro lote o en otro laboratorio, la comparación produce señales falsas: a veces mutaciones de más, a veces se pierden las verdaderas.
Los autores proponen detectar estos fallos mediante el «nivel de confianza» entre los datos y el modelo. Cuando la técnica funciona como se espera, los datos se ajustan bien a las predicciones. Cuando un lote de reactivos está dañado o el equipo está descalibrado, los datos dejan de concordar con el modelo: la confianza cae. El método busca grupos de muestras con una confianza anormalmente baja y las separa de las sanas. Es como si en un álbum de fotos aparecieran imágenes con colores poco naturales: se ven de inmediato junto a las demás.
La prueba con datos sintéticos mostró que el método no da falsas alarmas más a menudo de lo debido. En paneles clínicos reales —biopsia líquida, BRCA y talasemia— encontró fallos causados por distintos motivos: desde el cambio de reactivos hasta el procesamiento en lugares diferentes. Y con los registros de actividad eléctrica cerebral de ratones, el método funcionó igual de bien, aunque la tarea era de un campo completamente distinto. Esto significa que el enfoque es universal: detecta cualquier interferencia técnica que estropee la comparación con la referencia.
Un filtro así no es un simple trámite. En la clínica, una mutación falsa puede llevar a un tratamiento innecesario, y una mutación real pasada por alto puede dejar a alguien sin ayuda. El método permite separar los análisis dañados antes de que lleguen a manos del médico y, así, mantener la confianza en el diagnóstico genético.
El método se probó con registros de actividad cerebral de ratones y encontró fallos técnicos en los datos, aunque fue creado para analizar ADN. Es como si un detector de billetes falsos reconociera de repente una falsificación en un cuadro.