Un láser normal amplifica la luz hasta convertirla en un haz brillante. Si se invierte ese proceso, se obtiene un antiláser: un dispositivo que absorbe la luz por completo. Pero esta máquina es caprichosa: basta un ligero desorden para que la absorción falle.
Los físicos han encontrado la manera de hacer que un antiláser sea invulnerable. Lo construyeron sobre estados de borde topológicos, que son ondas especiales que viajan solo por el borde del material y no notan los obstáculos. Como el agua de un río que rodea las piedras sin perder su curso.
En el experimento se utilizó una red de resonadores de microondas con respuesta no recíproca: la señal circula en un solo sentido, como en una calle de dirección única. Incluso cuando parte de la red resultó gravemente dañada, el antiláser siguió absorbiendo casi toda la luz incidente.
Esta robustez abre el camino a detectores de luz fiables que funcionen en condiciones no ideales, como en una atmósfera polvorienta o en el interior de tejidos vivos.
El antiláser se demostró por primera vez en 2010, pero hasta ahora seguía siendo frágil: cualquier pequeña irregularidad destruía la absorción perfecta. La nueva versión topológica es la primera que resiste daños severos.