Una goma elástica que se estira en direcciones opuestas no se comporta como una hoja de papel entera. Si tiras de un extremo, la deformación no se propaga uniformemente, sino que parece retenerse en ciertas zonas. Así, la gravedad fraccionaria describe un espacio donde la influencia de la masa se distribuye no de forma suave, sino en porciones, como si el propio espacio tuviera no un número entero de dimensiones, sino, digamos, tres y media.
En el nuevo trabajo, los científicos aplicaron esta idea por primera vez a todo el universo. Tomaron las ecuaciones de la gravedad fraccionaria y las simplificaron para un cosmos homogéneo, uno donde la materia está distribuida uniformemente, como la leche en un vaso. El resultado sorprendió: la expansión del universo puede ser estable, y el propio universo podría no tener un punto de inicio. En lugar del Big Bang, rebota desde un tamaño mínimo, como una pelota contra el suelo.
Estos resultados se obtuvieron para diferentes representaciones matemáticas de la misma teoría, y todas coincidieron. Esto significa que la gravedad fraccionaria pertenece a una clase universal de modelos donde los detalles del suavizado del espacio no importan. Y aunque aún estamos lejos de una teoría completa de la curvatura del espacio-tiempo cuántica, el trabajo muestra que nuestro mundo podría no haber surgido de un punto, sino de un ciclo eterno de contracciones y expansiones.
La idea de dimensiones fraccionarias no es nueva: la línea de costa, si se mide con una regla cada vez más corta, tiene una dimensión entre 1 y 2: está más recortada que una línea recta, pero menos que un plano.
En la novela 'Un fuego sobre el abismo' de Vernor Vinge, las leyes de la física cambian de una región a otra: la gravedad fraccionaria podría describir un mundo así, donde el espacio tiene diferente 'granulosidad'.