Como una piedrecita que cae al agua, un agujero negro que cae en un agujero de gusano genera ondas gravitacionales con un ritmo característico: pulso, pausa, pulso otra vez. Estos estallidos pueden ser captados por los detectores terrestres incluso desde galaxias muy lejanas.
El espacio-tiempo, como una membrana tensa, tiembla: un agujero negro que cae en un agujero de gusano perturba su tejido con más fuerza. Por él corren círculos — ondas gravitacionales, y a la velocidad límite alcanzan los detectores terrestres LIGO.
Cerca de la garganta, curvada por la gravedad del agujero, las ondas crecen en altura y frecuencia. Pero en cuanto el agujero cruza el borde, las ondas se interrumpen bruscamente, como una piedra que cae en un embudo.
Esa señal no puede confundirse con la fusión habitual de agujeros negros. Se busca revisando datos antiguos con modelos informáticos. El descubrimiento sería la prueba de los agujeros de gusano, túneles aún hipotéticos.
🎯 La garganta de un hipotético agujero de gusano es tan ancha que un agujero negro pasa por ella como un guisante en un cubo, casi sin rozar las paredes.
🎬 La idea de que un agujero de gusano no solo se puede imaginar, sino también «oír», resuena con la película «Interstellar», donde [scientist:Kip Thorne]Kip Thorne[/scientist] asesoró la escena del vuelo a través del túnel.