Una bombilla normal brilla más cuando se calienta, eso lo sabe cualquiera. Pero un agujero negro del tamaño de un núcleo atómico obedece otras leyes. Cuando se evapora, emitiendo partículas por efectos cuánticos en su mismo borde (el horizonte de sucesos), su brillo no aumenta con la temperatura, sino que disminuye. La causa está en la pérdida brusca de masa: el agujero adelgaza tan rápido que no le da tiempo a calentarse.
Los autores del trabajo modelaron este proceso para agujeros negros en un espacio con curvatura negativa (uno donde las líneas paralelas divergen y el volumen crece más rápido que en una habitación normal). Representaron la evaporación como un túnel de partículas a través del horizonte, algo así como si una pelota se filtrara sola a través de una pared, obedeciendo a la probabilidad y no a la fuerza. Cada uno de esos «saltos» modifica al propio agujero: su masa disminuye y su entropía (la medida del desorden) se reorganiza. Los cálculos mostraron que, para agujeros diminutos, el brillo se desvía del espectro térmico ideal en decenas de puntos porcentuales.
La segunda parte de la investigación consistió en calcular la energía del vacío alrededor del agujero en evaporación. Resultó que el flujo de radiación no solo se lleva masa, sino que también altera la geometría del espacio-tiempo cercano, igual que el hielo que se derrite enfría el agua del vaso. Esa influencia bidireccional (la radiación modifica al agujero y el agujero modifica a la radiación) es la que produce esa luz «anómala». Al final, un agujero negro pequeño se apaga en lugar de estallar en un destello final, y eso es una clave importante para entender cómo el mundo cuántico se conecta con el gravitatorio.
Si se creara en un laboratorio un agujero negro de un kilogramo de masa, se evaporaría en milmillonésimas de segundo, emitiendo un destello un millón de veces más brillante que el Sol, aunque solo en rayos gamma.
En la novela «Hyperion» de Dan Simmons, las Tumbas del Tiempo están rodeadas de campos anti-entrópicos que distorsionan el paso del tiempo, casi como el espacio-tiempo alrededor de un agujero negro en evaporación altera el ritmo de la radiación.