Tras la inflación, el Universo era oscuro y frío, como un líquido sobreenfriado en un matraz. La expansión se frenó — y un chasquido cuántico desató una avalancha de burbujas de vacío verdadero, cuyas paredes se aceleraron casi a la velocidad de la luz. Sus colisiones esculpieron un zumbido de ondas gravitacionales — eco de aquella primera «ruptura» que quizá llegue a nuestros detectores.
🎯 Si la pared de una burbuja en reposo tuviera el grosor de un campo de fútbol, con un factor de Lorentz de 10¹⁵ se comprimiría hasta ser un millón de veces más delgada que un núcleo atómico. Esta «tortita» relativista quizá sea el objeto macroscópico más fino de la historia.
🎬 La idea de la desintegración del vacío como catástrofe cósmica está presentada de forma impactante en la novela de Greg Egan «Escalera de Schild»: allí el falso vacío amenaza con engullir todo lo que existe. Pero aquí la desintegración no destruye, sino que crea — una especie de apocalipsis al revés.