La imagen estándar del Big Bang (propuesta por Georges Lemaître y confirmada por Edwin Hubble) pinta un Universo caliente y denso. La causa de ese calor pudo haber sido el estado inestable de la materia ordinaria. Según una nueva teoría, tras la expansión ultrarrápida la energía se refugió en la materia oscura y la energía oscura, y las partículas ordinarias quedaron en una posición inestable, como agua superenfriada a punto de congelarse.
Un empujón cuántico (efecto túnel cuántico) inició la cristalización: surgieron burbujas heladas de una nueva fase. Sus paredes se aceleraron a velocidades vertiginosas y, al chocar, sacudieron el espacio-tiempo. Esto generó ondas gravitacionales — ondulaciones que aún recorren el cosmos. Detectores como LIGO pueden captarlas. Resulta notable: debido a su enorme velocidad, la pared se comprimió un billón de veces, volviéndose más fina que un núcleo atómico.
Este escenario explica de forma natural por qué el Universo está lleno de desorden (entropía): las colisiones mezclaron toda la materia. Los cálculos muestran que esta transición no crea agujeros negros primordiales (gracias al criterio de Stephen Hawking), por lo que no hay contradicciones con las observaciones. Y el fondo cósmico de microondas guarda la huella de aquellos eventos.
🎯 Las paredes de las burbujas se aceleraron tanto que su grosor se comprimió un billón de veces, volviéndose más fino que un núcleo atómico.
🎬 En la ciencia ficción, la desintegración del vacío suele ser aterradora, como en la novela 'La escalera de Schild' de Greg Egan. Sin embargo, este trabajo muestra que pudo haber sido la cuna de nuestro mundo.