Algunos exoplanetas son auténticos mundos acuáticos con océanos y una densa neblina en el cielo. Los científicos recrearon esa neblina en el laboratorio y la irradiaron con luz ultravioleta, como la de una estrella. Resultó que la neblina se vuelve más oscura, como unas gafas camaleón al sol. El telescopio JWST podrá detectar este 'bronceado' y ayudar a desentrañar los misterios de planetas lejanos.
La ventana de la cocina, al cubrirse con una película de aceite, bajo la luz ultravioleta se amarillea y bloquea la luz. El mismo mecanismo funciona en las atmósferas de los exoplanetas descubiertos por Kepler (Borucki). Muchos de ellos orbitan alrededor de enanas rojas, estrellas cuyas erupciones bañan a los planetas con luz ultravioleta. Esta radiación puede alterar la transparencia de la neblina orgánica compuesta de agua y gases.
Para sus experimentos, los científicos recrearon esa neblina a partir de vapor de agua, dióxido de carbono, metano y nitrógeno. Las partículas se generaban con descargas eléctricas, como en una bola de plasma. Luego irradiaron la neblina con luz ultravioleta que simulaba las erupciones estelares y, mediante espectroscopía (descomposición de la luz), midieron su transparencia. Resultó que la neblina con metano absorbe el doble de luz infrarroja, mientras que la de monóxido de carbono apenas cambia. Para un planeta como GJ 1214b, que pasa por delante de su estrella (tránsito), la diferencia alcanza las 100 millonésimas, algo que el JWST puede detectar con seguridad. La conclusión es simple: como con la ventana, no se puede juzgar la vista a través de la neblina sin saber si la «lámpara ultravioleta» de la estrella estuvo encendida. Si no, es fácil confundir la composición atmosférica y pasar por alto posibles rastros de vida.
🎯 Cada partícula de neblina, creada por una descarga eléctrica, es cientos de veces más fina que un cabello humano.