Los astrónomos han observado en los misteriosos 'pequeños puntos rojos' (objetos descubiertos por el telescopio James Webb) características que se asemejan al comportamiento de la estrella Eta Carinae durante su Gran Erupción. Esto podría significar que en el interior del punto se esconde una estrella supermasiva o un agujero negro, envuelto en un denso capullo de gas, como una luciérnaga en una espesa niebla. ¿De dónde surgen estos monstruos y cómo crecen?
El telescopio James Webb se asomó a la época en que el Universo no tenía ni mil millones de años y vio puntos rojos. Su corrimiento al rojo (el estiramiento de la luz por la expansión del espacio) revelaba una enorme antigüedad. Al principio, se creyó que los puntos eran agujeros negros con una masa de mil millones de soles, pero su rápido crecimiento contradice los modelos actuales.
En realidad, se trata de capullos gaseosos brillantes. Como un faro en la niebla, el objeto central está oculto, y solo se ve el resplandor rojo de la envoltura. En el interior, colisionan vientos estelares rápidos y lentos, calentando el hidrógeno. Los espectros («arcoíris» de la descomposición de la luz) lo confirman: hay líneas de hidrógeno, pero no hay emisión directa del centro, como en las supernovas y en la erupción de Eta Carinae de 1843. Fritz Zwicky fue el primero en explicar este mecanismo por colisión de vientos. Un detalle sorprendente: el radio del capullo se calcula con la misma ley que para una bombilla incandescente: cuanto más brillante y frío es el resplandor, mayor es la envoltura.
El modelo elimina la necesidad de agujeros negros superpesados: la masa central no supera las cien mil masas solares. Estos embriones de futuros gigantes galácticos crecen vigorosamente, expulsando polvo y elementos pesados. El hidrógeno como base de las estrellas fue reconocido por primera vez por Cecilia Payne-Gaposchkin. Así, los puntos rojos pasaron de ser un enigma a convertirse en una clave para el Universo primitivo.
🎯 En 1843, la estrella Eta Carinae, tras una potente eyección, se convirtió en la segunda más brillante del cielo. Los habitantes locales de Australia quedaron tan impresionados que incorporaron este evento a sus mitos.