Los astrónomos estudiaron una ráfaga de radio cósmica repetitiva, FRB 20250613A, procedente de una galaxia enana. Su señal es como si atravesara un turbulento mar de plasma: el entorno que rodea la fuente cambia constantemente, dispersa y retuerce las ondas. Dentro de la ráfaga se notaron pulsos rítmicos y efectos similares a distorsiones no lineales. Probablemente, la fuente está oculta en el denso viento de una estrella compañera, como un faro en la niebla.
Un faro en una niebla densa: cuanto más espesa es la bruma, más se difumina el haz. Así se comporta una estrella de neutrones: un grumo superdenso del tamaño de una ciudad, cuya radiación se abre paso a través de las nubes de gas interestelar. Recientemente, los astrónomos han encontrado un faro especialmente caprichoso en una galaxia lejana. Sus señales de radio, que viajan hacia nosotros a la velocidad de la luz, cambian más rápido de lo que predicen los modelos. A veces, el estallido se desdobla: las dos partes están separadas por apenas 7 milisegundos, y la segunda llega nítida, como si la primera hubiera despejado el camino. Probablemente, la radiación es tan potente que empuja el gas, como una ráfaga de viento que disipa la niebla y deja un túnel de transparencia. La propia estrella, al parecer, orbita alrededor de una compañera común y, de vez en cuando, emite pulsos regulares: un púlsar, observado por primera vez por Jocelyn Bell Burnell. Su campo magnético retuerce las ondas de radio de tal manera que la polarización (la dirección de las oscilaciones) baila de forma impredecible.
Al comprender la mecánica de estos faros, podremos utilizarlos para sondear el gas invisible entre las galaxias. Mientras tanto, este objeto nos recuerda que incluso una estrella diminuta, que cabría dentro de una pequeña ciudad, puede brillar más que el Sol entero.
🎯 Cada estallido es un chasquido que dura una milésima de segundo, pero que equivale a la energía que produce el Sol en un día.