Una lente cósmica —un cúmulo de galaxias— amplificó la luz de las galaxias más tenues y lejanas, permitiendo verlas. Resultó que incluso las galaxias apenas visibles en el universo temprano producían más de la mitad de la luz ultravioleta y las partículas que "encendieron" el cosmos tras las edades oscuras. Imagina que las luciérnagas en un bosque nocturno resultan más brillantes que las estrellas en el cielo.
Justo después del Big Bang, cuya idea desarrolló Georges Lemaître, el universo estaba lleno de hidrógeno opaco. Observar aquellos tiempos es difícil: debido al efecto de dilatación temporal la luz de los objetos lejanos se estira, y los acontecimientos nos parecen como en cámara lenta. Fue necesaria la época de la reionización para que las primeras estrellas y galaxias hicieran el cosmos transparente.
Para ver estas «galaxias luciérnaga» fue de gran ayuda la lente gravitacional, la capacidad de los objetos masivos, predicha por Fritz Zwicky, de curvar y amplificar la luz. El cúmulo de galaxias Abell S1063 actuó como un telescopio natural. Junto con imágenes de archivo del Hubble y mediciones precisas de distancias (espectroscopía en el JWST), los científicos encontraron objetos ultrafaint, amplificados por la lente decenas de veces.
Los cálculos mostraron que más de la mitad de la luz ionizante procedió de galaxias más débiles que cierto umbral. Incluso suponiendo que en estas enanas la formación estelar se apaga, su contribución sigue siendo enorme. Esto es importante para todo el modelo estándar de la evolución del universo, y nos acerca a desentrañar la materia oscura, cuya existencia fue descubierta por Vera Rubin. Sin tener en cuenta las galaxias diminutas, la época de la reionización simplemente no podría haber terminado, y aún viviríamos en la oscuridad.
🎯 Una de las galaxias tenues fue amplificada 25 veces por la lente gravitacional; sin esta lupa cósmica, habría pasado desapercibida para siempre.